-No, tranquilo, no soy un ladrona ni nada de eso. Iba camino de mi piso y reconocí a tus amigos saliendo del tuyo y, bueno, decidí hacerte una visita para saber como llevabas la resaca.- Su voz no sonaba igual que en la cafetería, estaba como cortada, no dejaba de mirar a todos lados, sobretodo al suelo.
-¿Dónde está la chica segura de la cafetería?
-¿Dónde está el chico cortés de la cafetería?- Por fin me miró, su cabeza seguía baja pero sus ojos miraban los míos.
-Perdona, ¿ Quieres algo?- Entré en la cocina para hacerme algo de café, o abrirme una cerveza, dicen que lo mejor para la resaca es beber de nuevo aquello que bebiste por última vez, y lo último que yo bebí fue
una cerveza, por lo menos que yo recuerde.
-No sé ¿a qué me invitas?- Se apoyó con los codos en la encimera haciendo que no pudiera mirarla a los ojos. Seguía jugando con la taza, era una que tenía de cuando vivía con mis padres, era blanca con todos los súper-héroes de Marvel pintados. Todos tenemos un lado friki ¿vale?
Saqué dos cervezas del frigorífico y le di una a ella.
-¿No has tenido suficiente alcohol?- Me dijo dado el primer trago.
-Nunca es suficiente, cariño.
-Eres gracioso.- Se rió, no entendía por qué, pero me daba igual, me gustaba su risa, era entrecortada.
-Sí tú lo dices. ¿Te gusta la taza?- Le pregunté saliendo de la cocina y poniéndome a su lado.
-Sí, vestido esta mañana con ese traje tan elegante no te imaginaba con una taza de súper-héroes.- Se quitó de mi lado y fue al sofá. Su movimiento de caderas me hipnotiza hasta hacerme resoplar.
-Es lo que tienen las primeras impresiones, no puedes fiarte de ellas, además, ¿cómo sabes que es mía?.-Le contesté sentándome a su lado en el sofá. Tenía las piernas tan delgadas que aunque las tenía cruzadas no había sitio para la grasa.
-En un lado de la taza pone "para Lute".- Era verdad, la taza estaba dedicada, se me había olvidado, no pude evitar reírme.- ¿Cuál fue tu primera impresión sobre mí?- Dejó de mirar la tele para mirarme, bebiendo de su cerveza con los ojos abiertos esperando mi respuesta.
-¿De verdad lo quieres saber? Puede que te duela oírlo.- Sí, eran unas tácticas de ligue muy débiles pero no se me ocurría nada más que hacer, me había pillado de improvisto que se presentara en mi casa.
-No creo, si tu primera impresión hubiera sido muy mala ya me habrías echado de tu casa ¿no?-Era lista y muy espabilada, quizás demasiado, así sería más difícil ligar con ella, estaba acostumbrado a chicas más tontas.
-Bueno, a lo mejor te estoy dando una segunda oportunidad.- En realidad estaba buscando la oportunidad de besarla.
-Déjate de tonterías. Contéstame ¿no?- Se acercó hasta la mesita que teníamos entre el sofá y la tele y soltó la cerveza. Su cara ahora estaba en frente de la mía y sus manos, que parecían de porcelana, se posaban nerviosas sobre sus flacuchas rodillas.
-La verdad es que lo primero que pensé es "vaya tía más guapa" por eso me acerqué a hablar contigo, bueno por eso y porque mis amigos me estaban diciendo que no tenía huevos de conseguir tu número.
-Gracias. Pues tus amigos tenían razón.
-¿En qué?
-No conseguiste mi número.
-Puede que no consiguiera tu número, pero he conseguido que vinieras a hacerme una visita a mi casa, creo que me compensa.
-¿Tú crees?- Empezó a acercarse un poco más a mi, mis ojos miraban sus labios mientras los suyos dibujaban una sonrisa. Estábamos casi tocándonos las frentes.-y ¿Por qué te quedaste a hablar conmigo?- Su voz bajó un par de tonos, parecía susurrar pero no llegaba a hacerlo.
-Me pareciste una chica demasiado interesante como para no aprovechar la oportunidad.- Mi voz se igualó a la suya. Ella dejó de mirarme los labios para centrarse en mis ojos obligándome a hacer lo mismo aunque no quisiera.
Cerré mis ojos y la besé. Ya no podía resistirme y me había dado las señas de que ella también quería que esto pasara.
Dejé que mi mano sujetara su nuca y que jugara con su pelo liso. Ella me rodeó con sus brazos el cuello y se dejó llevar por mis intenciones.
La dejé caer en el sofá quedando yo encima de ella pero solo dejándonos de besar cuando le quité la camiseta. Sus piernas quedaban a cada lado de mis caderas y sus manos se agarraban a mi espalda. No se me hizo difícil deshacerme de su sujetador. Su cuerpo era tan delgado como me imaginaba, pero no se le llegaban a notar las costillas. Me apreté contra sus grandes pechos mientras ella me quitaba los pantalones que acabaron junto a su ropa. Yo quise ir besando su cuerpo para llegar hasta el botón de los suyos pero me topé con su bufanda de rayas que me impedía continuar por su cuello. Fui a deshacerme de ella.
-Espera Lute.- Agarró con las manos la bufanda para que no se la quitara.
-¿Qué pasa?- Me quedé mirándola extrañado con las manos apuyadas a cada lado de su cabeza para poder sujetar mi cuerpo.
-No me quites la bufanda, por favor.- Había chicas que me habían pedido que no les quitara el sujetador o directamente la camiseta pero ¿una bufanda? no lo entendía.
-¿En serio? ¿Por qué? Es que así no puedo continuar bajando por aquí.- Con mi dedo índice fui acariciando sus labios, su mejilla y luego me acerqué a su cuello rozándolo entre la bufanda y la piel. Yo Tenía una media sonrisa y ella los ojos cerrados.
-Da igual, no me gusta que me besen el cuello, si no lo entiendes mejor lo dejamos, aunque creo que sería una pena. -Cuando continué jugando con su bufanda los abrió rápidamente y se incorporó un poco quedando mas cerca de mi, sus manos me quitaban los bóxer de la misma manera que yo intenté quitarle la
bufanda. Decidí dejarla.
Volví a centrarme en su boca, me salté el cuello y acabé en sus pechos. Mis manos los agarraban con suavidad.
Seguí el recorrido de su ombligo besando su vientre, mis uñas hacían lineas paralelas por su cuerpo, mi lengua jugaba con ella y sus dedos jugaban con mi pelo. Sus ojos negros se volvían blanco, mis manos podían fundirse con sus delgados muslos que ardían hasta que se derritió en mi para poder hacerla mía por completo.
Volví hasta sus labios con rapidez sin separarme de su cuerpo, era mía y le gustaba. Sus brazos me rodeaban igual que los míos a ella. Se incorporó dejándonos sentados y luego me empujó para que fuera yo el que estuviera tumbado y ella encima de mi. Sabía lo que hacía, se le notaba, me imaginaba su movimiento cuando la veía mover as caderas al andar pero no pensé que sería tan salvaje.
Sujetaba sus nalgas con mis dos nabas, aunque solo una de ellas estaba encima de mi pecho, la otra volvía a jugar con mi pelo, le gustaba hacer eso y a mi me encantaba que lo hiciera.
Su respiración cada vez era más acelerada, ella se acercaba a mis labios para que pudiera notarla pero no me dejaba besarla y eso hacía yo que me aceleraba mucho más.
Terminamos extasiados. Ella quedó sobre mi durante un rato hasta que se levantó y se ofreció a traerme una cerveza mientras yo encendía un cigarro para cada uno. Se sentó a mi lado y cambiamos los vicios. Yo bebía mientras ella se vestía, pero conforme me terminaba la cerveza me iba quedando dormido.
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